
Los collares antiparasitarios son una de las herramientas más usadas para que nuestros compañeros estén protegidos de la picadura de la pulga, la garrapata y el mosquito de leishmania.
Dentro de los elementos que podemos usar para evitar enfermedades vectoriales, es decir, transmitidas por todos los insectos que hemos nombrado, son de los más aceptados por su comodidad, duración y fiabilidad.
Los podemos considerar repelentes, ya que no permiten que el parásito “muerda” o pique. En el caso de las garrapatas, cuando se acercan a la piel o el pelo sufren un efecto llamado pies calientes hiper excitando las terminaciones nerviosas de sus extremidades, efecto por el cual caen y terminan muriendo. El porcentaje de efectividad de estos productos es muy elevado, pero nunca del cien por cien, dependiendo de la carga parasitaria ambiental y del buen uso que hagamos de ellos.
En primer lugar, tenemos que conocer cómo colocar el collar. No debemos dejarlo ni muy apretado ni muy suelto. Actúa por fricción, por lo tanto, tener en cuenta que tiene que rozar la piel. Encontramos pacientes que lo llevan totalmente pegado, y de esa manera no mejoramos su funcionamiento.
En segundo lugar, tenemos que vigilar su limpieza. Los collares antiparasitarios están formados por un polímero dentro del cual se encuentra intrincado el principio activo. Si la goma está obstruida por suciedad el principio activo no podrá “salir” a la piel. No tengas miedo en limpiar el collar, puedes usar una toallita húmeda o una servilleta. Lo puedes hacer tanto en la parte interna como externa.
Y, por último, lee detenidamente el prospecto o pregunta en tu veterinario o comercio especializado, ya que los meses de duración que indican en la caja puede referirse a un parásito en concreto. Atiende a la duración mínima que tiene. Te voy a dar un ejemplo. Hay un collar muy conocido que te ofrece 12 meses de protección frente a flebótomos, mensaje muy bien expresado en la caja. Pero para la garrapata son 6 meses, y para la pulga sólo cuatro meses. Esto quiere decir que si el collar permanece 12 meses puesto, durante 8 tu compañero tiene altas probabilidades de coger pulgas. En este caso puedes complementar con pipetas o comprimidos, o decidir renovar antes el collar. Existe otro producto que ofrece entre 7-8 meses de protección. Revisando su prospecto lo que nos explica el laboratorio es que hasta el séptimo mes se ha demostrado la reducción del riesgo de transmisión de patógenos como la ehrlichia, una enfermedad que vemos frecuentemente en nuestra clínica veterinaria en Cuenca. Por lo tanto, si tu veterinario te confirma que en tu zona existe esta enfermedad te aconsejo que no lo alargues hasta el mes ocho.
La elección y colocación de antiparasitarios necesita un asesoramiento por parte de personal cualificado, así que no dejes de preguntar en La Mezquita Mascotas o a nuestro equipo de veterinarias para que te aconsejen de manera personalizada cuál es el plan preventivo perfecto para tu compañero, ya que las enfermedades que puede adquirir son potencialmente graves y crónicas.